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‘La memoria está amenazada’

Germán Castañeda noticias

Un recorrido guiado por la artista Beatriz González en su obra Auras Anónimas reveló los riesgos a los que está sometida esta instalación dedicada al duelo en el Cementerio Central de Bogotá.

Una visita guiada por los columbarios del Cementerio Central en los que la artista Beatriz González erigió en 2009 su instalación Auras Anónimas permitió a unos 30 asistentes comprender de los orígenes de la obra, su significado y las amenazas a las que está expuesta.

La misma Beatriz caminó por entre las estructuras, hoy vedadas para los visitantes dadas sus precarias condiciones de conservación. Bajo una llovizna insistente, recorrió la obra, ubicada junto al Centro de Memoria, Paz y Reconciliación, sobre la Avenida El Dorado, uno de los corredores de la memoria en Bogotá.

Son 8.957 lápidas de polietileno que en reemplazo de epitafio llevan serigrafías manuales con ocho diferentes siluetas de cargueros, aquellos hombres que portan en los campos los cuerpos de sus compatriotas muertos. “Todos los días veíamos imágenes terribles en los periódicos que al otro día ya habíamos olvidado. Yo estaba buscando hacer algo para que las figuras de la reportería gráfica fueran más efectivas. Un método fue volverlas siluetas negras, que se convirtieron en símbolos”.

Fue una noche de luna llena cuando a González se le apareció la inspiración. Vio la luz iluminar la blanca estructura y el contraste con los espacios vacíos de las tumbas. “Pensé en las auras de todos esos muertos que están sin duelo”. Ya años atrás se había entusiasmado con un proyecto de Doris Salcedo que pretendía recuperar ese espacio para hacer obras efímeras –de 2 años– que buscaba rescatar la arquitectura, el arte y la memoria.

Auras Anónimas sobrepasó, sin embargo, el límite de lo efímero y completa ya 8 años en pie. Pero la estructura es débil y hay un par de proyectos que podrían incluso implicar la demolición de los columbarios. Desde la primera administración de Enrique Peñalosa hay una iniciativa de construir un patinódromo y una cancha de fútbol, en un ejercicio que, a juicio de la artista, “amenaza la memoria y elimina la posibilidad del duelo”.

Esta obra, que en su momento nadie inauguró, ha sido fotografiada, elogiada en medios de comunicación e incluso forma parte de un listado de monumentos de la memoria en el mundo. “Se volvió universal”, señala la artista. Por eso, la posibilidad de que desaparezca la entristece y la preocupa.

Pero protegerla está siendo difícil. El espacio ha pasado de mano en mano entre las instituciones del Distrito y nadie responde realmente por ella. Y disfrutarla y entenderla es complejo, porque las condiciones estructurales representan un riesgo para los visitantes.

González quisiera que alrededor de este espacio se desarrollara un centro de reflexión, de duelo y de culto a la memoria de los muertos que ha dejado la historia violenta del país. Un ejemplo, para ella es el Ground Zero de Nueva York, un espacio para honrar a las víctimas del atentado del 11 de septiembre en el que las normas son claras.

“Auras Anónimas sería mejor si alrededor hubiera sitios donde sentarse y tuviera una reglamentación para visitarlo. Pero hoy, como está, es víctima de una especie de conspiración contra la memoria. Unos amigos de los columbarios dicen que si no los tumba el proyecto de esparcimiento los tumba el tiempo”, señala la artista con un dejo de nostalgia. Pero no se rinde. Ella trabaja con otros artistas y defensores del arte para salvar la obra, recuperar el espacio y permitir el duelo.

Por eso se decidió a hacer ese recorrido guiado durante la Semana de las Artes por la Paz, organizada por la Facultad de Artes y Humanidades de la Universidad de los Andes. “Quería hablar para que se tenga conciencia de lo que está pasando. La memoria está amenazada”.