Vive en la basura

Vive en la basura. Pero es un oasis de basura gigante y colores perdidos en gris.

Metros y metros de tesoros olvidados.

Sucia.

Pero contenta.

 

Árboles y ramas entre los deshechos. Café y verde en el pantano de mocos. Laguna de mocos que ella dice que es su agua.

Agua maldita para los baños sagrados.

Todos los jueves al charco.

 

Y se regocija en su lodo encenizado. Deleitada en las cascadas podridas y el vapor de los hongos. Inhalando como adicta el aire chorreado en enfermedad.

Y vive feliz. Tranquila entre las ratas que son amigas y cena. Gritando cuando no encuentra cucarachas enteras.

 

Los lunes es noche de botellas. Se reúnen las vecinas a cantar y romper vidrio. Saltando a carcajadas sus cuerpos marchitos y florecidos, arrugados y tesos, ambiguos de tanto vivir entre la tierra, entre la basura y la espuma infernal.

Separan las botellas en las de juguete y las de estallar, y con las de juguete al horno abismal. Es el único material funcional en su desierto de objetos y oasis de sueños encontrados. Gigante colocación de piedra. Grisosa y raspada con labios abiertos y lengua escupiendo fuego. Se quema eternamente pero sólo es usada para los delirios de vidrio de los amaneceres de semana. Horno sagrado del orco.

 

El martes a descubrir la forma que ha regurgitado el divinal horno. Sonrojada cuando abre el portal de las delicias del inframundo, se encarama a sacar los deshechos de la noche.

Lágrimas de vidrio escupidas en aceite. Orbes deformados en arcoíris pálidos. Placeres abstractos de objetualidad transparente, que engendran la única pureza en el pútrido lugar.

 

El miércoles se echa en los sofás infinitos de latas y tuercas atadas en tela rasgada. Con las patas abiertas y las axilas negras, se acuesta a deleitarse en los vapores de la cañería hogareña. La gran desprevenida con ropa y sin ropa, con mente y sin mente, con gente y sin gente.

Haciendo brillar el lodo. Acariciando el humo. Peinándose con alambres ocultos. Dichosa en palacios inadvertidos. Tejida en insectos y objetos podridos.

 

El fin de semana a gritar e incendiar. A estallar metros antiguos para lo que ha de llegar.

Embadurnada en excrementos y con los ojos ácidos

Se entrega a las ansias de su terreno mágico.