Un banano en problemas.

Base – Titular de noticia sacada del espectador.

DETECTADO EN COLOMBIA El temido hongo que puede acabar con el banano se expande. El Fusarium R4T ataca las raíces de la variedad de banano Cavendish y del plátano.

D e s c r i p c i ó n   d e t a l l a d a

Empezó por la hoja más pequeña, esa que nunca pudo crecer. Como una peca brotó en la punta de la micro hoja, era un punto perfecto, redondo, unos bordes amarillos y un centro café, hasta bonita aquella. Resaltaba entre el verde saturado de la palma, entre las grandes y vivas extremidades, todas colosales y homogéneas, esa hojita, diferente a todas, era la belleza del detalle, pero ese detalle no era bello. Un día la pequita amaneció mancha y quiso ser mapa, comenzó como Portugal, pequeño, alargado y con sed de colonizador, es por ello que a los tres días ya parecía Brasil, ya no había quien la detuviera, a los cinco, era China, a lo seis era Rusia y a los diez la hoja ya no era hoja.

Toda la palma cayó en guerra el momento en el que el amarillo llegó al tallo (eso fue el mismo día diez a las cuatro de la tarde), la peca se expandía equidistante pero estratégica: comenzó con una hoja mediana un poco deforme, luego se fue por otra, que a pesar de tener el verde más vibrante de todos, se estaba secando por dentro, cayeron una en una antes del atardecer, ya cuando el sol se estaba poniendo y se encontraba en su momento más rosado, la peca hizo el golpe que declararía su victoria. Se fue sigilosa hacia el pétalo más grande y él, distraído por la variedad de colores celestes, no se dio cuenta cuando la peca lo agarró. Nadie se imaginaba que, pese a ser la hoja más grande, estaba muriendo, su tamaño y porte traían una consecuencia, lo enorme de su cuerpo volvía débil su tallo. Nadie lo sabía excepto la peca, la cual concentró todas sus fuerzas ahí. Ni tuvo que llegar a la hoja cuando esta ya estaba en el suelo. El instante que la hoja tocó la tierra el cielo se apagó, se retiraron los colores y con ellos la resistencia.  

Las doce hojas que quedaban asumieron su destino con sin oposición alguna. Enfrentaron la muerte con dignidad y esperaron su turno de caer. Al amanecer ya no había verde, de él solo quedaba un pequeño fragmento en lo más alto del tallo, que se extinguió hacia las siete de la mañana. Ahora la palma de convertía en el punto amarillo en medio del valle verde del cultivo.

Y la historia se repitió, con la diferencia de que ahora la peca original era más grande y las hojas y tallos se convertían en palmas enteras. Y así fue, la peca mostró su astucia otra vez, cambiaba de estrategia dependiendo de la palma, a veces llegaba desde la raíz y lo chupaba todo, como robando de un tirón el alma, otras, iba por dos extremos diferentes y consumía como hacia dentro, también, cuando quería, iba lento, como sí de disfrutar se tratara, pero eso no tenía importancia, pues de una u otra forma, rápido o lento siempre salía victoriosa.

El valle fue cambiando día tras día, como un mapa de calor que va del amarillo al verde, cada vez con menos verde y con más amarillo. Al cabo de los treinta la hegemonía del verde se convirtió en la del amarillo y el árbol que se quedó en medio de toda la guerra se volvió peca, solo que esta vez una verde y frondosa peca.

P u n t o  d e  v i s t a   s u b j e t i v o

No se sabe cuándo te va a dar, solo te da, te paralizas y ya está, sabes que tu fin está próximo y que no hay nada más que hacer. Todos estamos en una interminable espera, él nos asecha todo el tiempo, nos observa desde lejos y ataca, y nosotros, estamos ahí, quietos, sin poder hacer nada más que esperar. Sabemos que en cualquier momento él puede venir y ya está, y ya está y no hay nada más que hacer ¿Qué podríamos hacer? Los bananos siempre hemos sido débiles y él lo sabe, sabe que la vida no nos favorece y que nuestro destino depende de un hilo.

O t r o   p u n t o   d e  v i s t a  s u b j e t i v o

Los bananos siempre han sido débiles, los metes a un bolso y no aguantan ni un segundo sin lloriquear, se vuelven negros y blandos como castigando a quien los metió ahí; además, de un día para otro y sin avisarle a nadie, se vuelven secos y arenosos para que quien los coma se arrepienta de inmediato, unos malcriados irrespetuosos, eso son. Malcriados en todo el sentido de la palabra, todos son hijos únicos, no pueden compartir la palma para crecer, y ésta, pobre, se ve obligada a vivir en su función. Ah de la Musa Paradisiaca, que como madre, lo da todo para que ellos, mal agradecidos, se vayan a buscar suerte en la ciudad, se vendan y se dejen comer de cualquiera.

Sé que muchos me odian y no se dan cuenta de mi gran labor, pero yo sé que hago bien. Esos cínicos amarillos se irán de aquí y yo, feliz, ayudaré para que eso pase. Solo me arrepentiré por la bella Musa, porque ella no tiene la culpa de los andares de sus hijos, Ay Musa, amada Musa, mi daño colateral más triste pero más real.

I g n o r a n c i a

¿Qué pasó? No lo sé. Todo iba bien y bum, de repente una palma se volvió amarilla y sin saberlo ya todo estaba perdido. Veo palmas morir todos los días y no sé porque ¿será mi Karma? De pronto por aquella vez que le grité a Yadis, ese día se veía muy triste, o por la semana en la que se me dio por robar un huevo diario en la tienda de don Pacho ¿se habrá dado cuenta?

No sé qué pasa, ni si quiera sé si existe un Karma, o sí, de pronto, los bananos se hayan aburrido de mí ¿o son ellos los del Karma? Leí que hace un tiempo, no sé cuándo ni dónde que habían provocado una gran matanza, por ahí cerca al pueblito de un escritor muy famoso, muy probablemente sea eso, ni Yadis, ni los huevos serían capaces de causar tanta calamidad.

O b r a  d e  t e a t r o

Entra María José al cuarto con cara de preocupada. Carlos Ernesto se encuentra concentrado leyendo el periódico.

-Mijo…. Creo que me tiré los plátanos.

Carlos Ernesto la ignora.

-Mijo… Que me tiré los plátanos.

Carlos Ernesto suspira.CE: María José, No me importa que se le hayan quemado los plátanos, comeremos otra cosa, no se preocupe y déjeme leer el periódico que ahorita le hecho una mano.

CE: No mijo ¡Que me tiré los plátanos!

ER: Ay María José, hable claro.

– MJ: Pues verá, usted sabe que hay días que me la paso en la plantación, pero yo no le he dicho que hago ahí… Hace ya un tiempo la vecina María Cecilia, me comentó que su cosecha había mejorado increíblemente desde que un día le comenzó a hablar a las plantas. Primero lo hizo por aburrida, como un juego para ella y con ella, luego, al ver que esos tomatitos se hacían tomates y esas lechuguitas se hacían lechugas ella empezó sospechar que algo había cambiado, pues su tierra nunca fue fértil y sus vegetales nunca habían salido de los diminutivos. Así fue como quiso saber que era aquello que había cambiado la naturaleza de sus cosechas para que ahora fueran palabras completas. 

Carlos Ernesto deja de leer, le acerca la silla a María José, ella se sienta.

-MJ: Nunca se le había ocurrido que eran sus charlas matutinas lo que las hacia crecer. Para ella había sido la nueva proteína que le vendió Luis en el Mercado. En fin, un día hacía frío y María Cecilia no quiso salir hablarles, al otro día todas sus arracachas se habían encogido a la mitad. Ella no supo la razón de inmediato, no fue sino dos semanas después cuando la charla de costumbre se le hizo cada vez más monótona y aburrida y dejó de hacerla una rutina. Cada día que no iba algo sucedía en el huerto, que las berenjenas perdían violeta o las fresas dejaban su aspecto triangular. Naturalmente, la mujer lo empezó a sospechar e hizo experimentos que corroboraran su hipótesis hasta transformarla en verdad.

-CE: Bueno María José ¿Todo esto a que va?

-MJ: Va a que ella, conocía de la mala racha que estábamos teniendo ¿Se acuerda? Así que, tan pronto María Cecilia supo con certeza la razón de la fluctuación de sus vegetales me lo comento.

-CE: ¿Y usted le hizo caso?

-MJ: Nosotros desesperados y ella con una posible solución ¡Claro que le hice caso! Y fui todos los días a la plantación y hablé ahí con todas y cada una de las palmas. Fue así como tuvimos nuestra primera buena cosecha. Seguí con el asunto, pero lo refiné, me di cuenta que no solo afectaba si se les hablaba o no, sino que ellas también tienen su criterio de palabras y temas. Me di cuenta que nuestras palmas odian los gerundios y que les hablen de política y es que aquí este detalle se vuelve importante….

Carlos Ernesto se nota impresionado y fascinado.

-MJ: Ayer después de las elecciones al conocer los resultados me puse tan colérica que no había quien me controlara, me fui directo a la plantación y empecé no solo a hablar de política, sino que lo hice lleno de gerundios, todos feos y largos, los junte de un totazo, les agregué insultos y pestes y los solté al aire.

Carlos aún más sorprendido le hace gestos a MJ para que continúe.

– MJ: Bueno pue eso es. El resto se lo imaginará usted, o más bien, lo verá si sale por la ventana y ve en dirección de nuestra amada implantación.

       …..

V e r s o s   l i b r e s

Antes verde

ahora Amarilla

Antes turgente

 ahora decadente

La veo morir

la veo sufrir

Y se va

Y se van

Él llega

ellas parten

y yo

observo

Él llega

ellas parten

y yo

parto con ellas.

D i á l o g o

-Yo le digo Pedro, tenga cuidado con esos bananos, uno cree que eso no es con uno hasta que pasa. Yo mismo lo vi en la finca vecina, por ahí pasó el hongo.

-Pedro, escuche a Ernesto que tiene razón, hágale caso que a mi primo Herlay ya le pasó, tuvo que botar toda la cosecha del mes y ahora está a garras, a un pelo de perder la finquita que tanto le costó.

– Sí, además mire que la finca de María Elena no le queda tan lejos. Esté pendiente por ahí.

– Maria.