Siempre que… y por otra parte…

Siempre que …

Siempre que empiezo a leer un libro, prefiero no terminarlo, lo dejo a la mitad.

Siempre que leo en voz alta me gusta hacer voces, para diferenciar personajes.

Siempre que recuerdo el primer libro que si leí completo, me genera nostalgia.

Siempre que veo un libro en “oferta”, me es difícil no caer en el deseo de tenerlo.

Siempre que leía un libro en el colegio, empezaba por el final.

Siempre que leo mentalmente, me distraigo fácilmente.

Siempre que quiero terminar un libro, llega uno nuevo.

Siempre que debo leer un libro, prefiero leer otro.

Siempre que encuentro mis pensamientos en un libro me sorprende como alguien ha podido expresar eso tan fácilmente, en dos o tres líneas.

Siempre que recuerdo el primer libro que no leí y que tuve que exponer como si lo hubiera hecho, me doy cuenta lo poco creíble que era a los 10 años leer “El carnero”.

Siempre que leo algo nuevo, todo se empieza a relacionar, como si existiera un orden cronológico que sigue me vida para estar siempre en contexto.

Siempre que veo la pila de libros que tengo pendientes, me gustaría dejar de hacer lo que hago y terminarlos de una vez por todas.

 

Por otra parte…

Mi relación con la lectura ha sido complicada, de altos y bajos, siempre de amores y odios, pero si lo pienso, aprender a leer ya es todo un logro. No lo voy a negar, antes no era amante a la lectura, la veía tediosa y al imponerse en los primeros años del colegio se sentía como una constricción, entonces en sexto se volvió más recurrente la necesidad de leer y pues en ese punto la comencé a querer, porque lo que leía era interesante, hay está el secreto, leer algo que a uno le guste y le apasione.