Roncar

No importa cuantas horas duerma, sigo estando cansada. Me acuesto tarde y no me puedo dormir, me quedo pensando, dando vueltas en la cama. A veces pienso en tomar pastillas o gotas, pero no me gusta la idea de depender de un medicamento cada noche. Mi abuela toma cada noche para dormir, ya está tan acostumbrada a ellas que no puede pasar un día sin tomarla. Si quieres hablar con ella después de su hora de dormir, cuando ya se tomó su mágico medicamento, es imposible hablar con ella. Es como hablar con un borracho, no le entiendes, no te entiende y al otro día no se acuerda de lo que le contaste. A veces trata de hablarte cuando está dormida, como si fuera sonámbula. Eso también me pasa a mi, también a mi hermana. Cuando estamos dormidas pueden tratar de despertarnos y no lo van a lograr. Estamos en un sueño tan profundo que no pueden sacarnos de esa dimensión. A veces abrimos los ojos y pueden creer que estamos despiertas, pero no. A veces intentamos hablar, tratamos de contestar lo que nos están preguntando, pero terminamos balbuceando. 

A mi hermana le pasaba muy seguido, me daba cuenta, porque dormíamos en el mismo cuarto. Ella nunca ha tenido problema con dormirse rápido, apenas se acuesta la perdemos. No es como yo,  me puedo quedar horas mirando el techo antes de cerrar los ojos. Cuando compartimos cuarto peleabamos por quien apagaba la luz, ninguna quería hacerlo. Todas las noches teníamos la misma pelea, hacía parte del ritual. Casi siempre la terminaba apagando yo, porque si ella dice que no lo va a hacer, no hay forma que la logres convencer. Siempre se dormía antes que yo, siempre me daba envidia. Como yo seguía despierta, podía escucharla empezar una frase, pero nunca terminarla. A veces se sentaba y hablaba, a veces se quedaba acostada y hablaba, a veces no pasaba nada. Lo chistoso de esta historia es que este fin de semana que dormimos juntas, me pasó a mi. Ella vio su comportamiento en mi. Al parecer le pregunté cómo le había ido, ella me contestó que bien y yo le empecé a preguntar “¿Qué? ¿Qué?”. Después de mis preguntas volví a dormir. 



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