Jugando UNO, accidente de la gata, plan de salida.

Me parece que lo que dice mi hermana muchas veces no tiene sentido. Ella dice que yo no acepto mis errores y que de ahí surgen nuestros problemas. Esa es una de las cosas que dice que no tiene mucho sentido. ¡No te imaginas como se pone cuando jugamos cartas! No aguanta perder. Ayer estábamos jugando UNO y ella puso su penúltima carta pero se le olvidó gritar UNO entonces yo lo hice y le impedí su victoria. Pues como te parece que manoteó durísimo e hizo que la mesa se sacudiera. Felipe, obviamente, se puso a llorar. Esta vez entendí su llanto, es chiquito y se asustó con el ruido y movimiento del golpe. Nadie le dijo nada a mi hermana por su rabieta y creo que eso fue lo que más le molestó. Se sintió atacada por nuestro silencio, que hizo que el sacudón de la mesa se oyera hasta el final, como culpándola y no dejándola escapar tan rápido de su acto.

Ahí mismo empezó a actuar con una gentileza hostigante. Le dijo a Felipe, con una sonrisa poco convincente y bajando mucho su voz, que se tranquilizara y que “esas cosas pasan en los juegos y no hay que estresarse”. Yo estaba que me explotaba de la rabia de verla ahí con su rol de amor y paz por el resto de juego. Empezó dar felicitaciones cada vez que alguien hacía algo bien y a hacer una mueca de falsa timidez cuando era ella el que acertaba.

Pero bueno, ese no era el tema. Lo que te quería contar es que el otro día estaba sentada haciendo tareas en mi cama y mi gata caminó sobre mi mesa de noche y tumbó mi termo. Se regó el agua encima de mi piyama, que estaba doblada encima de mi mesa de noche. Y pues claro, me estresé y regañé a la gata. Pues adivina quién estaba mirando la escena atentamente esperando el momento perfecto para reclamarme…me dijo que la gata no tenía la culpa y que no fuera tan brava. Me dijo que era mi culpa haber dejado el termo destapado ahí en la mesa. Pues yo le dije que era obvio que había sido un accidente y que la única razón por la que regañé a la gata fue por el estrés del momento. Le pedí que dejara de vigilarme todo el día buscando cualquier excusa para darme una lección moral. Le dije que no fuera tan sapa. Ella dijo que estaba cambiando el tema y, como siempre, que yo no era capaz de reconocer mis errores. No me deja en paz, estoy desesperada. Te cuento todo esto porque estoy pensando que tal vez la mejor idea es que me vaya de mi casa. Pregúntale a tu mamá que si puedo quedarme en la tuya en caso de emergencia. Se me ocurre que puedo dormir en la cama de Antonio ya que él se fue. O pues en la tuya, si te parece chévere.