Cansados, tu y yo

 

Ya los dos vendemos todo lo que tenemos y compramos todo lo que no. De vez en cuando escogemos. Tal vez algún saco en el que están combinados el verde y el rojo pero no parece navideño. Nos enternece el saco pero lo que más nos enternece es vernos ahí escogiendo eso, como salvando el último pedazo de nuestra especificidad. Creo que nos cansamos muy rápido, tu y yo, de ser originales. La otra gente también se cansa pero aguanta un poco más y pues a veces ese aguante da sus frutos, no? De verdad es que qué rídiculos nosotros que nos cansamos sin haber arrancado y ahora somos iguales: leemos y vemos pelis y somos originales solo por la noche, cuando rezamos. Ahí si que recontraoriginales, cuando le decimos a dios, quién sabe de qué manera turbia, las mismas cosas y deseamos que su voluntad sea parecida a la nuestra. Cuando rezamos somos turbios como cuando en la U nos hacían un quiz de comprobación de lectura y no habíamos leído pero sabíamos el título y de ahí sacábamos todas las respuestas. No nos iba muy bien pero a veces tampoco nos rajábamos y lo bueno es que dios nunca nos raja o pues no nos ha rajado hasta ahora. Además, él que lo sabe todo sabe que somos turbios porque no sabemos qué queremos y eso lo conmueve, no como a la profesora. A dios ni siquiera le ofende darse cuenta de que la mitad del tiempo lo queremos y la otra mitad no y le da risa nuestra lambonería. Bueno ya sé que no te gusta, mi querido lector, que te hable de dios. Y la verdad, estás en tu derecho, aunque no tengas razón. Como dicen, el cliente siempre tiene razón. Te estaba diciendo antes que tú y yo vendemos todo y compramos todo porque nos dimos cuenta muy rápido de que podemos querer cualquier cosa si nos lo proponemos. Nos duele, a veces, no tener ni una taza de café favorita pero es que preferimos sufrir con esas cosas que parecer tontos. Eso sí no, tú y yo no somos tontos.