A veces leer

A veces leo para abandonar todo. A veces leo para escapar del cuerpo. A veces leo para ser sólo en la mente y el banal recorrido de los ojos.

A veces leo para querer relatar. A veces a penas abro la hoja y leo una frase tengo que parar porque la belleza me da ganas de hacer belleza.

A veces leer sólo se encuentra como un deber. A veces el peso de un texto es como el peso de las tareas de las clases y me dan ganas de no leer nunca más. A veces ese texto denso que deseo leer se vuelve una carga más para demostrar cuánto conozco y puedo conocer y el desencanto me lleva a abandonar el bloque de hojas entre los estantes porque estoy cansada de aparentar querer saberlo todo.

A veces y la verdad es que en general leo en el celular relatos de lugares que me saca Google. A veces encuentro y leo lo más absolutamente claro y placentero que el celular me puede mostrar y es perfecto para calmarme. A veces leo el romance sereno que sé cómo va a acabar. A veces leo el romance turbador que sé cómo va a acabar. A veces leo el romance sereno y turbador que claramente sé cómo va a terminar. A veces creo que lo que más me gusta es saber cómo va a acabar.

A veces me sorprenden los relatos que creo saber cómo acaban. A veces toman una vuelta que no esperaba y quedo en el techo aullando del exalto de que jamás lo sospeché.

A veces muy a veces cojo un texto de verdad un texto encuadernado y con carátula y con hojas y números. A veces accedo a tocar el verdadero volumen de un papel real y no pensar que es algo que tengo que hacer y cuando las hojas en mi mano derecha no se comparan a las del otro lado entonces puedo ver como todas las voces que no paran de recordarme que leo super lento desparecen y puedo cerrar los ojos y saber que logré esto sola y sólo porque lo deseaba.

A veces leo poemas y me acuerdo que los poemas no deben ser complejos. A veces leo los más elementales poemas y me acuerdo que todos lloran como yo. A veces leo poemas en la pantalla del celular cuando espero en algún lugar y a veces acepto que me gustan más en la pantalla que en el papel.

A veces no valoro lo mucho que leo los relatos placenteros en mi teléfono porque no son los tomos de filósofos que creo que debo leer. A veces cuando leo lo más banal y aunque me sienta menos pensante me encuentro más alegre.

A veces la lectura no son los textos pesados es sólo saber que te enamoras de las palabras. A veces leer no es solo razón y obstáculos mentales no es sólo lo grecorromano y su proceder no es sólo lo denso. A veces leer es aceptar que lo más fundamental y lo más claro y lo menos culto también te puede llenar el corazón.